Te cepillas los dientes como cada mañana y, sin avisar, un latigazo eléctrico te atraviesa media cara. Dura dos o tres segundos, quizá diez. Te quedas quieto, con el cepillo en la mano, esperando a ver si vuelve. Y unas horas después vuelve, esta vez al beber agua fría, al hablar por teléfono o simplemente al notar el aire de la calle en la mejilla.

Ese dolor tiene una característica que lo delata: es brevísimo, brutalmente intenso y aparece siempre en el mismo lado. En neuromed.es vemos con frecuencia a pacientes que llegan después de meses de vueltas, muchos de ellos con un diente ya endodonciado o incluso extraído, convencidos de que el problema estaba en la boca. Lo que tienen, en realidad, es una neuralgia del trigémino: un dolor de origen nervioso que se puede identificar bien en consulta y que, en la mayoría de los casos, responde al tratamiento.

Qué es la neuralgia del trigémino

El trigémino es el quinto par craneal y el nervio encargado de llevar al cerebro toda la sensibilidad de la cara: la frente, la mejilla, la mandíbula, los dientes, las encías, la córnea. Cuando ese nervio se irrita, deja de comportarse como un cable de información normal y empieza a disparar descargas espontáneas. El resultado es lo que la literatura clásica llamó tic doloroso: un dolor facial en forma de calambre, punzada o descarga eléctrica.

No es un dolor frecuente en términos absolutos, pero sí es uno de los dolores más intensos que se describen en medicina. Afecta algo más a mujeres que a hombres y suele aparecer a partir de los 50 años, aunque puede debutar antes.

Las tres ramas del nervio y dónde duele cada una

Saber qué rama está implicada no es un detalle académico: orienta el diagnóstico y explica por qué tanta gente acaba en el sillón del dentista antes que en la consulta del neurólogo.

Cómo es el dolor y qué lo distingue de otros dolores de cara

Los síntomas de la neuralgia del trigémino tienen un patrón bastante reconocible cuando se pregunta con calma:

Este perfil es justo lo contrario del dolor de cabeza habitual, que es sostenido y dura horas. Si tu dolor se parece más a una presión constante o a un latido en la sien, probablemente estemos ante otro cuadro y te interese leer cómo distinguir una cefalea tensional de una migraña, porque el tratamiento no tiene nada que ver.

Las zonas gatillo

Casi todos los pacientes acaban identificando un punto muy concreto (una esquina del labio, un lado de la nariz, una zona de la encía) que al tocarlo desencadena la crisis. Se llaman zonas gatillo, y por eso muchas personas dejan de maquillarse ese lado, de afeitarse o de masticar por ahí. Cuando alguien cuenta que ha empezado a comer solo con medio lado de la boca, esa frase vale más que muchas pruebas.

Por qué aparece

La causa más frecuente es un conflicto neurovascular: una arteria o una vena que pasa muy pegada al nervio en su salida del tronco cerebral y que, con los años y el latido, va desgastando la vaina de mielina que lo recubre. Sin ese aislamiento, el nervio dispara señales de dolor sin motivo.

Existen también neuralgias secundarias, en las que el dolor es la consecuencia de otra cosa: una placa de desmielinización por esclerosis múltiple, una lesión ocupante de espacio o una alteración estructural en la base del cráneo. Son minoría, pero son exactamente la razón por la que este dolor merece una valoración neurológica y no solo una receta.

Por qué tantos pacientes pasan primero por el dentista

Cuando el calambre se localiza en la rama maxilar o mandibular, el paciente siente el dolor en los dientes. Y la reacción lógica es pedir cita con el odontólogo. El problema es que en la radiografía no hay nada que justifique ese dolor, y a veces se acaba tratando un diente sano. Si te han hecho una endodoncia y el dolor sigue igual, o incluso ha empeorado, esa ausencia de respuesta es en sí misma un dato clínico relevante.

Ocurre algo parecido con otros cuadros de la cara: la parálisis facial afecta al movimiento y no a la sensibilidad, y son nervios distintos, aunque a menudo se confundan en la conversación cotidiana.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico de la neuralgia facial es fundamentalmente clínico: se hace escuchando cómo describes el dolor y explorando la sensibilidad y la fuerza de la cara. A partir de ahí, el neurólogo suele completar el estudio con:

En pacientes con dolor neuropático de otras localizaciones, la valoración de los nervios periféricos sigue una lógica parecida a la que explicamos al hablar del hormigueo en manos y pies: primero entender qué nervio está implicado, después buscar la causa.

Qué tratamientos existen

Tratamiento farmacológico

La neuralgia del trigémino no responde bien a los analgésicos habituales. El ibuprofeno o el paracetamol suelen hacer poco o nada, y esa es otra pista diagnóstica. El tratamiento de la neuralgia del trigémino se apoya en fármacos que estabilizan la membrana del nervio, principalmente antiepilépticos como la carbamazepina o la oxcarbazepina, siempre con ajuste progresivo de dosis y control de tolerancia. En muchos pacientes el dolor cede de forma llamativa en pocos días, hasta el punto de que la respuesta al fármaco confirma la sospecha.

Con el tiempo, algunas personas necesitan subir dosis, combinar fármacos o cambiar de molécula por efectos adversos. Ese seguimiento es parte del tratamiento, no un fracaso.

Cuando los fármacos no bastan

Si el dolor no se controla o la medicación no se tolera, existen opciones intervencionistas que se valoran caso por caso: procedimientos percutáneos sobre el ganglio de Gasser, radiocirugía estereotáctica y descompresión microvascular. Cada una tiene su perfil de candidato, su tasa de respuesta y sus riesgos, y la decisión se toma con la resonancia delante y con el historial completo del paciente.

Qué puedes hacer mientras llega la consulta

Cuándo pedir una valoración neurológica

Cualquier dolor facial en descargas que se repite merece ser visto. Y hay situaciones en las que conviene no esperar: si el dolor es continuo en lugar de episódico, si notas la cara dormida de verdad entre las crisis, si afecta a los dos lados, si aparece antes de los 40 años o si se acompaña de visión doble, pérdida de audición o debilidad. En esos casos la prioridad es descartar una causa estructural.

La buena noticia es que este es uno de los dolores que mejor responde cuando se identifica correctamente. Muchos pacientes que llevaban meses comiendo con medio lado de la boca vuelven a hacer vida normal poco después de empezar el tratamiento adecuado. Puedes consultar también la información divulgativa de la Sociedad Española de Neurología sobre dolor neurológico.

Si llevas tiempo con calambrazos en la cara y nadie te ha dado una explicación que encaje, pide tu cita en Neuromed y lo valoramos con calma en nuestra consulta de neurología en Madrid. Poner nombre al dolor es el primer paso para quitártelo de encima.

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